jueves, 14 de octubre de 2010

CRÍTICA DE "AMADOR", por Cahiers du Cinéma

Leyendo con calma la última edición de Cahiers du Cinéma - España, advierto que ya hay una crítica de "Amador", la película de Fernando León de Aranoa protagonizada por Magaly Solier -amiga de esta página- y por el ganador del Goya Celso Bugallo.

La crítica es algo dura con un cineasta que, noto en estos días, genera opiniones muy divididas a causa de la etiqueta "cine social" que le ha caído desde hace años. Copio unos extractos:

"...lo nuevo de Fernando León de Aranoa asienta su masa argumental en los signos (reales o figurados) para ofrecer un guión sobresaturado de alusiones retóricas que resultan básicas y redundantes. "¿Te gustan las nubes?" o "¿Por qué huelen las flores?" son algunas de las frases que se intercambian una joven embarazada y un anciano a punto de morir. ¡Y he aquí un nuevo tropo que utiliza la vida y la muerte, y su reciprocidad, como fundamento!"

"Lo que empieza siendo un film social con aromas del Aranoa conocido (...) acaba disolviendo este enfoque para dejarse seducir por la mezcla de géneros y estilos. Y así luchan por convivir una cierta idea del esperpento con algún toque que podría recordar al realismo mágico (incluso por la inverosimilitud de algunos hechos) y varios efectos de comedia negra, diseminados todos ellos entre un tono dramático dominante."

Y aquí unas líneas que me parecen particularmente interesantes.

"Aranoa parece seducido por cierta idea del cine contemplativo, de los tiempos detenidos y los planos que se alargan, en lo que resulta ser la película más silenciosa de su trayectoria. Pero también la más larga y redundante."

No he visto la película así que nada tengo que discutir con el crítico. Me sorprende sí la descripción de esta ¿nueva? etapa en el cineasta, el acercamiento a un cine contemplativo.

¿Estará de moda el cine contemplativo? ¿Sigue vigente la ola que premia películas silenciosas, mudas, contemplativas, por lo que más cineastas se están acercando a esa manera de filmar?

Creo que sí. Creo que es una moda. No digo que León haya caído en eso, pero sí es notoria una tendencia general en los cineastas menos ortodoxos.

Si es algo honesto, bienvenido. Si es pura pose, ya no hay cupo.


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2 comentarios:

Blogger J. Rogelio Rodríguez ha dicho...

Buenas tardes.

Yo sí la he visto. Y he leído la crítica del Cahiers (de la que no comparto algunas consideraciones).

Es posible que la película tenga algún elemento contemplativo. Puede que sea un mero recurso narrativo que redunde en un tempo -tel vez- lento.

Pero lo que no se puede dudar es la inteligencia de la trama que teje León: la mezquindad de los comportamientos humanos, la mentira, la ausencia de referencias cercanas, de cobijo humano... Todos estos lugares están expuestos sin caer en visiones manidas ni meras retóricas vacías.

Con respecto al Cahier, revista de la que soy lector habitual, poco voy a añadir. Simplemente recordaría que existe un ejemplo de cine muy contemplativo, que es la película tan alabada por la citada revista el pasado año: me refiero a La cuestión humana, de N. Klotz. Éste sí es un ejemplo de cine "contemplativo", lleno de lugares comunes y de retórica visual en ocasiones harto discutible (es mi opinión, sin mayor pretensión). Y, desde luego, una película puesta por las nubes por Cahiers.

Un cordial saludo.

15 de octubre de 2010, 14:12  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Amador es una película esencialmente bella y poética, con la belleza y la poesía del hombre en su más descarnada humanidad. Una película que se teje, como la vida, con instantes y con silencios. Por eso su protagonista no podría haber estado mejor escogida: Magaly Solier dice más cuando calla que cuando habla, con una mirada que cuenta, revela o esconde, sueña o sonríe según el momento. Magaly conmueve, enamora, nos arranca las lágrimas y la carcajada con cambios de registro tan sutiles como imperceptibles, sin alardes, pero certera. Como los actores de otro tiempo. Junto a ella, otro actor de los que llenan la pantalla con la esencia del cine verdadero: Celso Bugallo, pieza excepcional y clave en este entramado de sensaciones, descubrimientos y afectos. Él y Magaly crean algunos de los momentos más hermosos de la película, mostrándonos la relación que se establece entre Amador y Marcela, sus diálogos deliciosos, la insólita química que surge entre ambos. Y todo enmarcado por ese preciosismo callado de León de Aranoa, con una fotografía deslumbrante, una iluminación más allá de lo perfecto y planos maravillosos. Plásticamente, Amador es una joya. Pero además se sustenta en un guión redondo, cuidadísimo, cuajado de detalles. Algunos, como el de la carta devuelta y la reacción de Marcela, de una hondura que desarma. Otros de una magia cercana, desprovista de artificio o cursilería, como la sirena. Detalles agridulces y un par de concesiones al humor negro que hacen reir con ganas. El ritmo está plenamente justificado, especialmente dentro de la casa, y es necesario para dotar a la película de toda su carga poética y plástica; también para poder saborear esos momentos de intensa emoción, o los más cómicos. Paladear en suma el gusto agridulce de la condición humana plasmada en una trama con pies, cabeza y mucha sabiduría cinematográfica, no exenta del tinte social característico del director y preciso dados los protagonistas de la historia. La ternura jamás traspasa la línea de la cursilería, el humor negro se administra en mínimas dosis, el drama se despliega con naturalidad, como la vida y la muerte. Fernando León se nos muestra una vez más como el gran director de cine, el guionista brillante y el alma sensible que conocemos de películas anteriores. Quizá esta sea la más íntima y pausada de sus obras, pero tiene su sello inconfundible, y ningún amante del cine debería perdérsela.

19 de octubre de 2010, 1:37  

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