martes, 15 de febrero de 2011

El discurso.


Esta tarde quería volver a escribir algunos comentarios de la Berlinale, sobre Las malas intenciones, sobre el cortometraje que ya ha sido estrenado, y algunas informaciones que quizás sean valiosas para jóvenes cineastas que deseen mover sus proyectos por estos lados. 

Escribiré pero será mañana, o más adelante. He pasado esta hora de descanso  leyendo y releyendo el gran discurso de Álex de la Iglesia que ha aparecido en El País.

Me he conmovido con sus palabras y, aunque seguramente ustedes ya lo han leído, lo copiaré íntegramente. Son actos de este tipo los que pueden hacer surgir algo importante en el futuro. 

Además, pueden aplicar este discurso a cualquier otra cinematografía y funcionaría perfecto.  Al leerlo piensen en el cine peruano, el cine argentino. Encaja, ¿no?

El asunto ahora es, ¿lo habrán entendido?

*


Hay que ser humildes. A mi me cuesta mucho, soy soberbio y engreído. Parece que forma parte de mi trabajo, y no debe ser así. No somos tan importantes. Importante es salvar vidas en un hospital. Eso sí que debería tener trascendencia mediática. Hay que ser humildes y estar agradecidos. El público, que es la gente para la que trabajamos, ha ido a ver nuestras películas más que nunca, y eso es un honor y un orgullo. No pensemos que somos mejores por eso. Pensemos que nos han dado una oportunidad. Hay que aprovecharla.

Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo. Tenemos pósters de nuestro ombligo en casa, cuadros de ombligos llenando nuestras paredes. Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien. Este año ha sido uno de los mejores, pero el siguiente tiene que ser todavía mejor. Los primeros que tenemos que arrimar el hombro somos nosotros. Yo ruedo mañana, así que no me quedo a los canapés.

Y aquí viene el meollo de la cuestión, porque hay mucha gente que no puede rodar, que no puede trabajar. No tiene esa suerte. No sólo hablo de directores, o productores que no encuentran medios de financión. No hablo de distribuidores que luchan por colocar nuestras películas en las pantallas, o exhibidores que ven cómo desaparecen sus salas. Hablo de miles de familias que no tienen glamour y no salen en las revistas; que no han estado ni estarán nunca en los Goya. Gente que se dedica al montaje, al sonido, maquilladores, eléctricos, sonidistas, actores de reparto, figurantes, empresas de catering, gente que vive de esto, que genera riqueza.

Estamos aquí para que esta gala sea divertida, promocionar las películas, y que la gente vaya al cine. Pero el asunto es más serio de lo que parece. Necesitamos fortalecer la industria, y así poder hacer mejores películas. Hacer todo tipo de cine, tanto grande como pequeño. Contar todo tipo de historias, comernos la cabeza para hacerlo con los medios que tenemos y competir con Hollywood. ¿Saben ustedes lo increíblemente difícil que es sobrevivir tanto sólo una semana en cartelera? Algunos de los que compiten aquí han conseguido el milagro de ser número uno en taquilla. Creo que se merecen un aplauso.
Estamos contentos. Tenemos motivos para estarlo. El cine hecho en este país ha vivido en 2009 uno de sus mejores años. No sólo por la taquilla. Este año nos hemos sentido vivos. Más vivos que nunca. Un año comprometidos con nuestra profesión y con nuestro sector. Un año polémico, complicado, con desacuerdos y desencuentros. ¡No puede ser de otra manera! Somos así, como una imagen grotesca de nuestro propio entorno. Sin embargo, podemos cambiar. Miradme, 35 kilos menos. Podemos y debemos llegar a un acuerdo, y entender que no hay una manera de hacer cine, sino muchas, y que debemos contemplarlas todas.
Este semestre el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Utilícenlo. Estamos a su disposición.
La Academia está a punto de cumplir su primer cuarto de siglo, y lo que fue un sueño de unos cuantos entusiastas, es ahora una comunidad de más de 1.200 personas, orgullosas de su trabajo. Tenemos que convencer a la sociedad de que también puede estar orgullosa de nosotros. Este año, los que disfrutáis de la gala, lo habéis conseguido. Enhorabuena.
Tenemos que cambiar, pero unidos. Tenemos un frente común y los mismos objetivos. No es tan difícil. Para todo esto necesitamos cobertura. Necesitamos leyes que protejan la coexistencia de todos los sectores industriales, y eso incluye también al cine. Desde aquí quiero hacer un llamamiento a los grupos de poder que pueden facilitar este cambio. Me refiero a las televisiones.
Televisión Española sigue demostrando su compromiso, sin el que, les aseguro, sería muy difícil la existencia del cine en España. A las restantes no les pedimos su generosidad, sino que les ofrecemos nuestra disposición a trabajar, para demostrarles que juntos podemos acercarnos a lo que todos queremos: la mayor calidad para nuestros espectadores. Las televisiones han ayudado a levantar películas que gozan de un éxito internacional inimaginable hace unos pocos años, proyectos rentables con un enorme prestigio y una imagen extraordinaria para sus productores. Eso sólo lo consigue el cine. Por favor, no lo olviden.
El año 2010 no ha hecho más que comenzar. Humildad, agradecimiento, ilusión y orgullo. Esforcémonos en ello. Les aseguro que habrá muchas películas españolas que disfrutar. No se las pierdan.


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domingo, 30 de enero de 2011

Ray Loriga y una comunidad dividida.


¿En cuántos países los problemas de toda una comunidad no se resuelven por la incapacidad de abrir un espacio de diálogo franco entre dos grupos aparentemente irreconciliables? Lo he visto pasar en Perú, lo veo pasar en España y seguramente pasa en innumerables lugares más. Lo he visto pasar, sobre todo, en el mundo del cine, aunque también en otros ámbitos.

Hace unos días asistí al evento de Madrid Fusión, ese encuentro internacional . Resultaba curioso un asunto: por primera vez, un país extranjero organizaba el Menú Oficial para toda la concurrencia (siempre ha sido o un menú valenciano o un menú extremeño, etc., al menos en los últimos tres años.) Esta vez le tocó a "Perú" (así, como "marca"). ¿Cómo se logró eso? ¿Cómo se pudo cumplir con esa meta?

El resultado fue ver a distintas personalidades trabajando entre todos: el postre de una chef, el ceviche de otro, el ají de gallina de otro más, los pisco sour de otros... Parece que esto no tiene nada que ver con el cine. Pero sí. 

Conversando con el chef Gastón Acurio, él comentaba que la única manera de alcanzar un logro de esa naturaleza (la cocina peruana como una presencia constante, como una marca sólida, en aumento) era dejando los egos y las rencillas personales de lado y empezar a reconocerse como parte indisoluble uno del otro, "en lugar de estar peleando por migajas".

Pero para eso se requiere igualdad. Uno debe reconocerse igual al otro, no sentirse un ser superior al otro ni un ser que tiene más derechos que otros. ¿Es posible que alguna vez ocurra eso en los gremios del cine?

Sordo. Ese es el nombre del artículo de Ray Loriga ha sido publicado hoy en "El País", del cual rescato unos párrafos:

Vaya por delante que me importa un bledo que la gente se descargue gratis canciones, libros, películas, sexo y calzoncillos en la Red; están, supongo, en su derecho, al menos hasta que este derecho, como cualquier otro, sea razonablemente cuestionado; lo que no estoy dispuesto es que antes y después de hacerlo se vean obligados por Dios sabe qué fe a insultar.

Una y mil veces diré que se coja lo que se quiera y también lo mío, si es que alguien lo quiere.

Lo que pase en el engañosamente fascinante imperio de la Red lo decidiremos entre todos y no será ajeno al discurrir de otros conflictos que en la larga historia de las sociedades han sido, pero quiero dejar dicho que en mi humilde opinión el insulto sistemático a todo un sector de trabajadores, más y menos afortunados, no es la mejor manera de empezar a arreglar nada.

Recuerden por si acaso una vieja máxima de la revolución que sirve igual para inmigrantes, comadrejas y titiriteros: cuando el Estado consigue que el enemigo sea el pueblo, es que el Estado ya ha ganado.

Los reclamos e indignaciones son necesarias en cualquier debate. Pero visto lo ocurrido con la cocina peruana, parece que las soluciones aparecen con el diálogo abierto, libre de burlas, insultos, soberbias y resentimientos.  


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martes, 25 de enero de 2011

Álex de la Iglesia ha renunciado.


A pesar de los esfuerzos que el director de la Academia del cine, Álex de la Iglesia, ha venido mostrando por llegar a una salida consensuada con relación a la "Ley Sinde", el pacto entre PSOE y PP (en una inusual muestra de hermandad política) ha resquebrajado todo.


"Lo mejor hubiera sido empezar de cero. Es una ley muy impopular. Enfrentar a creadores con la Red es el mayor de los errores. Llevo meses intentando conseguir un consenso entre todos y no hemos sido escuchados por los políticos. Esta ley no es la solución", señaló el cineasta.


Es una renuncia consecuente y un acto que deja clara la autoridad moral del director.


Habrá que agradecerle de este despelote a la ministra González-Sinde.


Y a los políticos.

Y a Alejandro Sanz. 

Más información aquí y en esta página llena de información, razonamientos y aclaraciones sobre el tema.

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