lunes, 21 de febrero de 2011

Berlinale 2011: Apuntes finales.



El European Film Market está situado en las dos plantas de un edificio inmenso. Dos plantas llenas de stands donde prácticamente encuentras a todos los países que apuestan por el cine como imagen exterior, como presencia de su cultura, como marca. Así vemos inmensos stands con la bandera italiana, la canadiense, la española. Pero también hay stands, no tan grandes, pero con mucha actividad: el de Croacia, por ejemplo. 

No me extraña que no haya un stand de Perú. Ahí el cine aún es percibido como una actividad de secundaria importancia para el gobierno y son escasos los recursos que llegan desde él.

Veo el libro que se reparte en el stand de Turquía:


Un libro de casi cien páginas, donde se mencionan 24 largometrajes ya terminados y 31 en plena producción. También, datos de las compañías para producir y distribuir, además de los nombres de innumerables festivales que ellos tienen.

Para mí el cine turco era tres nombres, pero veo con asombro que ya hay toda una industria que va en ascenso año tras año. Me ha resultado toda una sorpresa y cada vez que puedo converso con alguien sobre el tema. Pregunto cómo fue posible, pregunto si ha tenido que ver mucho la coproducción con otros países. Pero no, excepto la que estaba compitiendo por el Oso de Oro, hay un par más que son coproducciones. Todas las demás son películas 100% turcas, la mayoría hechas en 35mm.

Las respuestas son las mismas: 1) Apoyo del gobierno y, 2) Unión de la comunidad, una comunidad donde, si bien hay dos grandes nombres "por encima", nadie mira sobre el hombro a nadie y nadie ataca por atacar a nadie. Las productoras cooperan entre ellas, se "co-producen" sin tener que salir del país. Se apuesta por una historia y se respetan los plazos de trabajo. Se rotan los puestos. Se desarrollan historias variadas. Las instituciones se comprometen.

Creo que cada país tiene su propia manera de desarrollar su cine. Como en las películas, no existe un guión fijo para alcanzar el éxito. Pero quizás si esperamos que países como Perú tengan finalmente una presencia constante a nivel mundial, podríamos empezar a estudiar con mayor atención los casos de cines emergentes en las últimas décadas. Como el caso de Latvia, cuyo cine también tiene un stand y varios proyectos que ofrecer. 

*

La primera vez que me encuentro con Paula y con Viviana fue en un café, por la noche, un día después del estreno de su película. Asumo que estaban ligeramente nerviosas: los primeros comentarios fueron ambivalentes respecto a El premio.

Pero en cambio yo la vi, me sentí hipnotizado en varios momentos y hasta escribí unas palabras al respecto. Tuve el coraje de acercarme a saludarlas y a felicitarlas por la película. "Seguro van a ganar un premio", y ellas se ríen. Cuando al día siguiente veo los puntajes de algunos críticos locales, me siento un poco decepcionado porque no comparten mi entusiasmo con esa película.

Robinson me dice que me he vuelto un blando, que todo lo veo con buenos ojos, que no soy ácido ni crítico como antes con las películas, que el Festival me ha cambiado. Pero no es así. O no del todo. Naturalmente, mientras camino por Berlín solamente tengo buenos ojos para la ciudad y para el festival. Bonito. Todo me parece bonito.

Pero hay películas y cortometrajes que no me gustan. Solamente que no hablo más de lo que no me gusta o, en todo caso, hablo de los elementos que sí me gustan. Esto, sin embargo, no es por el festival sino una lección que saqué tras los dos años estudiando en Madrid: desde fuera es más sencillo aplaudir así como destruir. Desde dentro, uno puede incluso valorar muchos aspectos de una obra que en su concepto no llega a apreciar. 

Pero tampoco discuto con Robinson y le digo que sí, que tiene razón en todo y sigo sonriendo. Así, hasta el final del festival, donde El premio se lleva dos Osos de Plata y finalmente me puedo encontrar de nuevo con Paula y Viviana, felicitarlas nuevamente y ser testigo de la inmensa alegría que ahora sí llevan, completamente. 

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"Poético" es el adjetivo que más usan para referirse a La calma los directores de los otros cortos en competencia. Claro que esa calificación tiene doble sentido: Poético... ¿porque no se entiende? ¿por no llamarlo experimental? ¿por dulzón a lo Neruda? Creo que son todas las anteriores. En todo caso, sigo sonriendo y respondo con palabras amables hacia sus cortos.

Pero no es hipocresía sino la verdad. Hay cortometrajes muy buenos, muy intensos. Como la apocalíptica Switez, del humildísimo Kamil, animación hecha con pinturas de gran escala, en un trabajo de 7 años, coproducción de cinco países y segura candidata al Oscar el próximo año. O como Stick Climbing, del divertidísimo Daniel, un proyecto desarrollado para un museo pero visto en el cine resulta sorprendente y regocijante. Y como otros tantos. El hecho que Park Chan-Wook y su hermano ganaran la competencia de cortos (y que el Oso de Plata fuera para otro corto coreano que también hubiera firmado tranquilamente Park) no me entristece sino, por el contrario, me da un orgullo especial. 


Jamás dejaré de estar agradecido a Maike Mia Höhne, la curadora de la sección, por haber aceptado a La calma en la competencia. Ver el corto en medio de una selección muy fuerte ha hecho renacer algunas convicciones que tambaleaban en los últimos meses y me ha dado la confianza de que el próximo proyecto será aún mejor.

Y sé que cualquier joven cortometrajista que haya hecho su corto en MiniDV y haya pensado "no, para qué voy a mandar esto, no tiene sentido", esa persona debería reevaluar nuevamente el destino de su corto. Creo que antes de ocultarlo en el cajón (como estuvo a punto de pasar con La calma), debe uno permitirse soñar con mostrarlo donde le dé la gana. Los resultados pueden ser insospechados.

*

De vuelta en Madrid. La maleta está llena de tarjetas, flyers, papeles impresos y papeles escritos a mano. Tantas personas en tan poco tiempo.


Detrás de esos nombres hay promesas para proyectos futuros, acuerdos futuros que se desvanecerán con el tiempo, que caerán en terreno rocoso y se secarán. 

Pero con otras personas, lo sé, se formará algo que aún es vago pero que ya ha lanzado un primer aliento. Lo importante ya ha ocurrido.


Y todo lo que suceda después dependerá del trabajo y la dedicación. Es la única cosa cierta: trabajo y dedicación. Es la mejor manera de amar al cine y de respetarlo. Sin esperar nada más.


Luego, si alguna buena noticia aparece, será nuevamente momento de sonreír. 

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domingo, 13 de febrero de 2011

Berlinale 2011: El Premio.


El premio, de Paula Markovitch

DÍA 1: El Premio y otros apuntes.

Cuarenta minutos caminando hacia el norte por Friedrichstraße, o shopping street: La elegancia de las tiendas y en los transeúntes es notoria. Tras cruzar el río, a cinco minutos, está FriedrichstraßePalast, "Europe´s biggest show palace". Un sitio impresionante, apabullante, como casi todo lugar en Berlín. Y, en su sala principal, El premio, de Paula Markovitch.

Mientras espero en la fila, mis oídos se dejan atrapar por tres amigos que hablan en español. Supongo que es lo normal. Uno de ellos menciona un dato que ni siquiera había advertido: Paula Markovitch ha firmado el guión de una de las más hermosas películas mexicanas que recuerdo en los últimos años: Lake Tahoe, de Fernando Eimbcke. Tomo asiento. La pantalla es realmente kilométrica. Una anfitriona está de pie, en medio de las escaleras, y sonríe hacia algún punto vacío allá arriba. No hace nada más que mirar al vacío. Permanece así durante los treinta minutos que dura el ingreso del público por ese sector.  Luego le hace una seña a alguien y desaparece. 

*
Paula Markovitch

Las olas tienen muchas hermanas. 


La cantidad de créditos iniciales hace sonreír al público: "Con la coproducción de... con la coproducción de..." Están muchos nombres conocidos ahí: World Cinema Fund, Fonds Sud, una institución polaca. Así, se ve que es una película de varias naciones. Pero lo más sorprendente es notar, luego, ya arrancada la película, que se trata de fundamentalmente una película argentina, en sus personajes y en su historia. En todo lo demás, es una película universal.

Paula Galinelli Hertzog se llama la niña que encarna a Ceci, la pequeña protagonista del film que debe callar su historia de los demás. ¿Cómo podría ella hablar de algo que ni siquiera entiende bien? Así que, en lugar de hablar, ríe sin parar, deja que el viento la golpee, sufre y abraza a su perro, se alegra cuando su mamá le pregunta si quiere dormir con ella...

¿Qué significa "pesimista"?


Creo que la fortaleza de la película reside en que Markovitch observa, realmente observa a los niños y en cada plano y en cada sonido se siente este deleite: en la miradas, en los juegos absurdos, en las voces. A partir de este disfrute parece que se ha ido decidiendo el ritmo de la película. La cineasta nos confronta con momentos habituales de nuestra existencia: ensimismamientos, daydream moments, instantes meramente sensoriales.

Rodaje de El premio

Por ello, algunos han comentado que es una película hermosa pero "algo extensa" y "un poco literaria" (*leer nota al final del post).


A mi gusto, esas escenas "literarias" son las más emotivas, son las que me hicieron revivir mi infancia y la que me llenaron de una nostalgia que aún llevo encima. Porque, en verdad, hay una melancolía enorme en toda la película, y esa melancolía se ha disfrazado de niña. Y también de madre. Y ya sabemos que la melancolía no puede extirparse, sólo ensancharse.

Pero también hay escenas con una tensión fortísima y esta convivencia de sensaciones es la que hace de El premio una película altamente recomendable. Seguro llegará a estrenarse en muchos países, y no precisamente por ser una multi-coproducción. 



*

Debido a las actividades del Festival, me he ido perdiendo distintas proyecciones. Ando con prisa y me estoy volviendo un experto en tomar el metro en sentido equivocado. He jugado al rato y al ratón por día y medio con Robinson, ayudante de dirección de La Calma. Al final nos encontramos para la primera proyección del cortometraje, realizado exclusivamente para los acreditados en el Festival. 

La verdad es que ha sido una experiencia extraña ver el cortometraje en la pantalla de un cine (ya estaba acostumbrado a verlo en la pantalla de la laptop o a lo más en un televisor de mediano tamaño). Extraño, es lo único que puedo decir. Y me guardaré para siempre esta experiencia, esta primera vez. ¿No es así como se siente alguien que acaba de perder la virginidad? Extraño. 

Las personas del Berlinale Shorts son el exceso de la amabilidad y ayudaron a que se me fuera el terror. Pero no me imagino la Premiere, el lunes 14 por la noche. No me veo presentando el corto frente al público. Ahí sí tendré que responder preguntas y todo ese asunto.

Creo que simplemente me pondré al frente y, como la anfitriona del cine, miraré hacia algún punto vacío allá arriba, sin decir nada. 


*


(*) NOTA:


Al día siguiente de escribir sobre El premio, me crucé con Paula M, la directora, y conversamos sobre su película. Hablamos de los comentarios que se referían a su film como una película "literaria", según unos periodistas. La directora me aclaró el tema: 


"Cuando hablé con el periodismo me referí a que para mí el cine es literatura. Yo me refería a un concepto teórico que abarca a todo el cine, no a mi película en particular.


Es decir, yo considero que el cine se inventó mucho antes que el celuloide y que todas las películas -aún las hollywoodenses- tienen una naturaleza literaria. Era un concepto teórico pero los periodistas comprendieron otra cosa, comprendieron como que  mi estilo era literario.


Y bueno, ya me di cuenta que en conferencia de prensa hay que ser extremadamente precisa porque la comprensión es muy difusa... A raíz de esa confusión atribuyen lo extenso de la peli y de algunas escenas, a mi supuesto estilo... literario."


Además, me entero que el rodaje de El premio se terminó hace poco más de tres meses, y el trabajo de edición y post fue hecha a toda velocidad, por lo que es posible que aún haya un leve ajuste final antes de subir la película a 35. 


En todo caso, a mí, la versión que vi, me encantó y espero verla nuevamente en los próximos meses en Madrid.

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