jueves, 7 de julio de 2011

La Calma. Apuntes antes del rodaje (2008).



El cortometraje que tuve la suerte de dirigir, "La Calma", se encuentra participando en la Competencia de Documentales del Festival Int Karlovy Vary.


Es el sexto lugar donde proyectan este corto que tantas felices sorpresas me ha causado. Hoy es la primera proyección y además hay algunas entrevistas programadas.

Buscando en internet, no sé cómo llegué a unos apuntes que escribí el año 2008 cuando fui con mi equipo a grabar las primeras imágenes de "La Calma" (pues es un corto que empezó a grabarse el 2008 y que fue terminado en Agosto 2010, más de dos años después).

Copio estos apuntes pues, en su momento, me sirvieron para quitarme el nerviosismo de grabar un cortometraje. Tenía mucho miedo al reto y siempre andaba posponiendo la idea de "hacer algo", de "grabar un corto", y todos los planes quedaban en palabras vagas.

Me ha causado nostalgia leer todo aquello. No sé si ahora sea capaz de reflexionar de la misma manera.

F.

p.d. mañana empiezo a escribir sobre el Festival.

* * *


Apuntes, entre el 11 de Julio y el 6 de Agosto del 2008


La poesía comienza cuando un necio dice del mar: "Parece aceite".

No se trata, en absoluto, de una más exacta descripción de la bonanza, sino del placer de haber descubierto la semejanza, del cosquilleo de una misteriosa relación, de la necesidad de gritar a los cuatro vientos que se ha notado.

Pero resulta igualmente necio detenerse aquí: Iniciada así la poesía, es preciso acabarla y componer un rico relato de relaciones que equivalga hábilmente a un juicio de valor.

(El oficio de vivirCesare Pavese)


*
En algún momento de nuestras vidas existen esos momentos de revelación en donde parece que uno ha realizado un “descubrimiento” novedoso sobre la naturaleza y este suceso inusitado se manifiesta, ya sea en un cosquilleo, o en esas ganas de gritar.

El cosquilleo de una misteriosa relación… esto es, precisamente, lo que he sentido meses atrás cuando surgió en alguna parte de mi cerebro la necesidad de hacer el cortometraje que ahora, después de mucho vacilar, voy a realizar...

Quiero hacer un corto...”


Ahí está una de las frases que más he oído decir en los últimos años a amistades, compañeros, extraños y, obviamente, a mí mismo.

Se me ocurrió un corto…”

Cada vez que alguien la decía, se podía sentir la efervescencia que el estimulante ser en cuestión transpiraba.

¿Y si hacemos un corto?”

Lógico. Nos resulta apasionante sentir ese cosquilleo: es la impresión de tener una buena idea, una imagen rescatable, algo qué mostrar, algo qué contar… Es ahí cuando nace la poesía.


*

Pero Pavese tiene razón en algo más: No basta con un “descubrimiento” para pensar que el trabajo ya está hecho. La entusiasta idea inicial de un proyecto artístico no garantiza que algo bueno saldrá. Iniciada la poesía, es preciso acabarla.

Digamos que a usted se le ocurrió hacer un cortometraje.

Luego de pensarlo mucho, la idea no le parece del todo mala -incluso hasta puede que tenga algo rescatable, sino no se animaría a hacer el corto-; pero obviamente no basta con una aparente buena idea: hay que ir hasta el final, enriqueciéndola a cada momento.

Quedarse en la buena idea y exhibirla sin más, sería necio. ¿Cuántos proyectos se han quedado en meras ideas? Buenas o malas, sencillas o complejas, pero ideas al fin. ¿Cuántas buenas ideas perdidas? Imposible saber, aunque nadie duda que las haya.

¿Y qué es de aquellas ideas que nos parecen de golpe suficientemente hermosas y no buscamos ya enriquecerlas, pues a nuestros ojos resultan plenas en sí mismas? ¿Cuántas veces la promesa de algo valioso se quedó en eso, en mera promesa? ¿Cuántas veces lo que nos pareció fascinante inicialmente nos resultó vergonzoso con el tiempo?

Bienaventurados los que no esperan nada de sus ideas.


*


Qué triste e inacabable cuestión la “creación artística"…

En todo caso, si los plazos no se mueven, dentro de unos días grabaré un cortometraje. Aunque no es una súper producción, debo pensar en presupuesto, equipo técnico, plan de rodaje, locaciones. Debo pensar en las personas que estarán delante de las cámaras y en las que estarán detrás de ellas.

Estoy contra el tiempo; pero aún antes de sumergirme en esta vorágine que se viene en los próximos días, no dejo de pensar: ¿Valdrá la pena hacerlo? ¿Es necesario que este cortometraje exista? ¿Tendré algo nuevo que decir? ¿Qué pasará si resulta lamentable? ¿Adónde irán mis expectativas? ¿Adónde irán estas palabras?

De algo estoy seguro. Si no puedo contestar con firmeza a esas preguntas en las siguientes horas, todo saldrá mal.


*


Dedicarse al oficio cinematográfico es una fortuna que le llega a pocos. Como las semillas de la parábola, muchos serán los que querrán intentar hacer cine y nunca lo lograrán. Otros nacerán, intentarán seguir, pero serán absorbidos por las dificultades. Por ventura o insistencia, pocos alcanzarán terreno fértil.

Pero en todos estará presente la pregunta inicial: ¿Para qué quiero hacer una película? ¿Para quién?

¿Un cineasta debe aspirar a los cien mil espectadores? ¿O debe tratar de capturar el espíritu de su tiempo? ¿O debe desangrarse en sus problemas personales? ¿O ninguna de las anteriores?

Las razones para “hacer cine” son infinitas -y no creo que ninguna sea más noble que otra- pero un realizador debe tener su razón clara antes de lanzarse al ruedo.

Es por eso que le sigo dando vueltas a este inagotable asunto, aún cuando las horas apremian y noto con temor que, luego de haber ensayado y vislumbrado lo que será la grabación del corto esta semana, debo cambiar varias de las ideas que tenía en mente.


*



Contra mis deseos, muchas cosas han variado: locaciones, personajes, tiempos… y una nueva reescritura se impone, aunque sea apurada. El concepto mismo de la obra necesita un ajuste más. Aún dudo acerca de si el pequeño equipo que hemos armado funcionará bien. Y, para completar el cuadro, todo va a salir mucho más caro de lo que pensaba.

La buena noticia es la recuperación –en todo sentido- del protagonista. Conversando con él, me doy cuenta que hubiera sido imposible grabar este corto antes de estas fechas, así que tomo este nuevo encuentro como una buena señal. El corto exigirá mucho de su esfuerzo y felizmente su disposición es plena… Y aún con esas, todo puede salir mal.

Y si sale mal, servirá como experiencia y habrá que sacar conclusiones antes de enterrar el corto en el cajón. Sería deprimente que salga mal… aunque confieso que sería más deprimente que el corto salga bien –a nuestra percepción- pero no guste a nadie más. 

Pero, claro, sería realmente terrible que el cortometraje salga mal -para nosotros- y aún así le guste a todo el mundo. Como sea, eso se sabrá en unos días.

*
Al igual que los equipos de fútbol antes de un partido decisivo, mañana en la noche todo el equipo técnico se concentrará en mi casa. Ahí empezará esta suerte de retiro espiritual donde cada uno deberá dejar atrás todo lo conocido, para enfocarse únicamente en la creación de algo decente. A la madrugada siguiente, será momento de salir y ya no habrá marcha atrás. Lo discutido, lo razonado, la lógica cerebral deberá quedar atrás. Luego, todo será estómago, oficio y también suerte. Un rezo se hace necesario...


*


Ha terminado el segundo día de grabación y todos andamos ligeramente exhaustos, agotamiento que aumenta ante la necesidad de tener que madrugar mañana y poder así cumplir –si se puede- lo planificado en el papel. Soy el primero en despertar y no puedo darme el lujo de desvelarme. Debo apurarme.

No puedo afirmar que se ha cumplido con el cronograma establecido. De hecho, lo hemos tenido que ir modificando en el camino. Para cuando nuestro equipo esté de regreso en sus hogares, seguramente faltará grabar algunas escena, así que mañana será un día de difíciles elecciones –elegir entre lo estrictamente necesario y lo que pueda ser un mero capricho por parte mía-.

Si pudiera, grabaría con comodidad y relajo durante una semana más, obvio, pero es una realidad que escapa completamente de mis manos.


*


Cada nueva escena, llega con una nueva incertidumbre:

Mis compañeros se instalan en la locación, alistan sus equipos e inmediatamente lanzan la temible pregunta:
“ya, ¿cuál es tu primera toma?”.

Desde luego, es una pregunta que no he podido contestarles con rapidez, y acaso tampoco con gran convicción. Tienen que pasar varios minutos –ensayos, pruebas con la cámara, caminatas alrededor- para intentar vislumbrar el encuadre que pueda contener la respiración del cortometraje.

Es que, una vez en el lugar, lo imaginado no sirve más, aún cuando se conozcan las locaciones de antemano o puedas ver la historia en tu cabeza. La relación con el espacio es determinante aquí. En todo caso, hubiera sido bueno tener un storyboard. Hubiera sido más rápido si se grababa de manera funcional: primer plano, plano medio, plano general… Pero otras fueron las decisiones. Si resultaron o no acertadas, solamente lo sabré cuando revise a solas todo el material grabado.


*



En plena grabación uno también empieza a luchar contra sus propios ímpetus. Llegaba con la idea de grabar un hecho de la manera más simple posible. Ahora, a cada momento, una nueva idea, una nueva imagen, una nueva manera de narrar brota y quiere darse su lugar, apropiándose de algunos segundos de cinta que no estaban destinados para ello.

En sus 
Prosas Apátridas, Ribeyro escribió:

Si yo digo: “El hombre del bar era un tipo calvo”, hago una observación pueril. Pero también puedo decir: “Todas las calvicies son desgraciadas, pero hay calvicies que inspiran una profunda lástima. Son las calvicies obtenidas sin gloria, fruto de la rutina y no del placer, como la del hombre que bebía ayer cerveza en el Violín Gitano. Al verlo, yo me decía: ¡en qué dependencia pública habrá perdido este cristiano sus cabellos!”. Sin embargo, quizás en la primera fórmula resida el arte de relatar.

¿Cuál será la mejor formula para relatar? ¿Cómo saber si se está eligiendo la correcta? Sé que la misma escena puede ser narrada de distintas maneras, según distintas miradas. Solamente hay que concentrarse en no contaminar la mirada original e impedir que desaparezca, abrumada, en medio de los apuros. Aún así, y aunque no creo en la improvisación, me he dejado convencer por aquello que no estaba previsto.


*
Antes de sentarme a revisar con calma las imágenes que grabamos, puse la cinta que estaba marcada con el rótulo “Detrás de cámaras”. Era una payasada, desde luego, pero quería relajarme un poco previamente a realizar la pauta de tomas.

Y funcionó.

Ver cómo ese grupo de compañeros que aceptaron participar en algo quizás tan inútil, tan irrelevante como un cortometraje, verlos cómo interactuaban de manera grata y dedicada, realizando siempre propuestas nuevas sin perder nunca el humor, resultó la mejor manera de regresar al universo de nuestro cortometraje, una manera acertada y estimulante.

Un compañero de grabación tenía razón: participar de una grabación a tiempo completo termina por crear una forzosa convivencia entre los miembros del equipo, casi al atormentado estilo de un reality. Y, siguiendo sus palabras, “si sólo uno de nosotros hubiera sido un engreído o un imbécil –durante nuestro trabajo- el proyecto habría fracasado”. Pero, felizmente, luego de tres días de trabajo arduo, no se asomó ningún conflicto.

Si algo bueno tiene el cortometraje es, de lejos, gracias a ellos, un pequeño equipo de verdaderos profesionales, sobre los cuales quizás ni estuve a la altura.


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Tomado de varios posts en La Cinefilia no es patriota
("Diario de un cortometrajista")





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lunes, 21 de febrero de 2011

Berlinale 2011: Apuntes finales.



El European Film Market está situado en las dos plantas de un edificio inmenso. Dos plantas llenas de stands donde prácticamente encuentras a todos los países que apuestan por el cine como imagen exterior, como presencia de su cultura, como marca. Así vemos inmensos stands con la bandera italiana, la canadiense, la española. Pero también hay stands, no tan grandes, pero con mucha actividad: el de Croacia, por ejemplo. 

No me extraña que no haya un stand de Perú. Ahí el cine aún es percibido como una actividad de secundaria importancia para el gobierno y son escasos los recursos que llegan desde él.

Veo el libro que se reparte en el stand de Turquía:


Un libro de casi cien páginas, donde se mencionan 24 largometrajes ya terminados y 31 en plena producción. También, datos de las compañías para producir y distribuir, además de los nombres de innumerables festivales que ellos tienen.

Para mí el cine turco era tres nombres, pero veo con asombro que ya hay toda una industria que va en ascenso año tras año. Me ha resultado toda una sorpresa y cada vez que puedo converso con alguien sobre el tema. Pregunto cómo fue posible, pregunto si ha tenido que ver mucho la coproducción con otros países. Pero no, excepto la que estaba compitiendo por el Oso de Oro, hay un par más que son coproducciones. Todas las demás son películas 100% turcas, la mayoría hechas en 35mm.

Las respuestas son las mismas: 1) Apoyo del gobierno y, 2) Unión de la comunidad, una comunidad donde, si bien hay dos grandes nombres "por encima", nadie mira sobre el hombro a nadie y nadie ataca por atacar a nadie. Las productoras cooperan entre ellas, se "co-producen" sin tener que salir del país. Se apuesta por una historia y se respetan los plazos de trabajo. Se rotan los puestos. Se desarrollan historias variadas. Las instituciones se comprometen.

Creo que cada país tiene su propia manera de desarrollar su cine. Como en las películas, no existe un guión fijo para alcanzar el éxito. Pero quizás si esperamos que países como Perú tengan finalmente una presencia constante a nivel mundial, podríamos empezar a estudiar con mayor atención los casos de cines emergentes en las últimas décadas. Como el caso de Latvia, cuyo cine también tiene un stand y varios proyectos que ofrecer. 

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La primera vez que me encuentro con Paula y con Viviana fue en un café, por la noche, un día después del estreno de su película. Asumo que estaban ligeramente nerviosas: los primeros comentarios fueron ambivalentes respecto a El premio.

Pero en cambio yo la vi, me sentí hipnotizado en varios momentos y hasta escribí unas palabras al respecto. Tuve el coraje de acercarme a saludarlas y a felicitarlas por la película. "Seguro van a ganar un premio", y ellas se ríen. Cuando al día siguiente veo los puntajes de algunos críticos locales, me siento un poco decepcionado porque no comparten mi entusiasmo con esa película.

Robinson me dice que me he vuelto un blando, que todo lo veo con buenos ojos, que no soy ácido ni crítico como antes con las películas, que el Festival me ha cambiado. Pero no es así. O no del todo. Naturalmente, mientras camino por Berlín solamente tengo buenos ojos para la ciudad y para el festival. Bonito. Todo me parece bonito.

Pero hay películas y cortometrajes que no me gustan. Solamente que no hablo más de lo que no me gusta o, en todo caso, hablo de los elementos que sí me gustan. Esto, sin embargo, no es por el festival sino una lección que saqué tras los dos años estudiando en Madrid: desde fuera es más sencillo aplaudir así como destruir. Desde dentro, uno puede incluso valorar muchos aspectos de una obra que en su concepto no llega a apreciar. 

Pero tampoco discuto con Robinson y le digo que sí, que tiene razón en todo y sigo sonriendo. Así, hasta el final del festival, donde El premio se lleva dos Osos de Plata y finalmente me puedo encontrar de nuevo con Paula y Viviana, felicitarlas nuevamente y ser testigo de la inmensa alegría que ahora sí llevan, completamente. 

*




"Poético" es el adjetivo que más usan para referirse a La calma los directores de los otros cortos en competencia. Claro que esa calificación tiene doble sentido: Poético... ¿porque no se entiende? ¿por no llamarlo experimental? ¿por dulzón a lo Neruda? Creo que son todas las anteriores. En todo caso, sigo sonriendo y respondo con palabras amables hacia sus cortos.

Pero no es hipocresía sino la verdad. Hay cortometrajes muy buenos, muy intensos. Como la apocalíptica Switez, del humildísimo Kamil, animación hecha con pinturas de gran escala, en un trabajo de 7 años, coproducción de cinco países y segura candidata al Oscar el próximo año. O como Stick Climbing, del divertidísimo Daniel, un proyecto desarrollado para un museo pero visto en el cine resulta sorprendente y regocijante. Y como otros tantos. El hecho que Park Chan-Wook y su hermano ganaran la competencia de cortos (y que el Oso de Plata fuera para otro corto coreano que también hubiera firmado tranquilamente Park) no me entristece sino, por el contrario, me da un orgullo especial. 


Jamás dejaré de estar agradecido a Maike Mia Höhne, la curadora de la sección, por haber aceptado a La calma en la competencia. Ver el corto en medio de una selección muy fuerte ha hecho renacer algunas convicciones que tambaleaban en los últimos meses y me ha dado la confianza de que el próximo proyecto será aún mejor.

Y sé que cualquier joven cortometrajista que haya hecho su corto en MiniDV y haya pensado "no, para qué voy a mandar esto, no tiene sentido", esa persona debería reevaluar nuevamente el destino de su corto. Creo que antes de ocultarlo en el cajón (como estuvo a punto de pasar con La calma), debe uno permitirse soñar con mostrarlo donde le dé la gana. Los resultados pueden ser insospechados.

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De vuelta en Madrid. La maleta está llena de tarjetas, flyers, papeles impresos y papeles escritos a mano. Tantas personas en tan poco tiempo.


Detrás de esos nombres hay promesas para proyectos futuros, acuerdos futuros que se desvanecerán con el tiempo, que caerán en terreno rocoso y se secarán. 

Pero con otras personas, lo sé, se formará algo que aún es vago pero que ya ha lanzado un primer aliento. Lo importante ya ha ocurrido.


Y todo lo que suceda después dependerá del trabajo y la dedicación. Es la única cosa cierta: trabajo y dedicación. Es la mejor manera de amar al cine y de respetarlo. Sin esperar nada más.


Luego, si alguna buena noticia aparece, será nuevamente momento de sonreír. 

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lunes, 7 de febrero de 2011

El cineasta amateur, por Maya Deren.

El mayor obstáculo para los cineastas amateurs es su propio sentimiento de inferioridad vis-à-vis con las producciones profesionales.

La propia clasificación “amateur” tiene un timbre apologético. Pero la propia palabra –del latín “amateur”– “amante” significa alguien que hace algo por amor a la cosa más bien que por razones económicas o por necesidad. Y este es el significado por el cual el cineasta amateur debe tomar su camino.

En lugar de envidiar el guión y los escritores de diálogos, los actores entrenados, los equipos elaborados y los sets, los enormes presupuestos de producción de los films profesionales, el amateur debe hacer uso de la gran ventaja que todos los profesionales le envidian, llámese libertad –tanto artística como física.

Libertad artística significa que el cineasta amateur nunca es forzado a sacrificar el drama visual y la belleza a una corriente de palabras, palabras, palabras, palabras, a la incesante actividad y explicaciones de un plot, o al despliegue de una estrella o del producto de un patrocinador; de la producción amateur no se espera que retorne utilidades sobre una gran inversión manteniendo la atención de una audiencia masiva y variopinta por 90 minutos.

Como el fotógrafo amateur el cineasta amateur puede dedicarse a la belleza y la poesía de lugares y eventos y, desde que usa una cámara de cine, puede explorar el vasto mundo de la belleza y el movimiento… En vez de tratar de inventar un plot que mueva, usa el movimiento del viento o del agua, los niños, la gente, elevadores, pelotas, etc., como un poeta las celebraría.

Y usa su libertad para experimentar con ideas visuales; sus errores no harán que lo despidan.

Libertad física incluye libertad de tiempo –libertad de los plazos impuestos por un presupuesto. Pero sobre todo, el cineasta amateur, con su pequeño, ligero equipo, tiene una inconspicuidad, y una movilidad física que es la envidia de la mayoría de los profesionales, cargados como están por sus monstruos de muchas toneladas, cables y equipos.

No olvides que no hay trípode construido que sea tan milagrosamente versátil en movimiento como el complejo sistema de soportes, articulaciones, músculos y nervios que es el cuerpo humano, el cual, con un poco de práctica hace posible una enorme variedad de ángulos de cámara y acción visual. Tú tienes todo esto y un cerebro también, en un solo, compacto, empaque móvil.

Las cámaras no hacen films. Los cineastas hacen films. Mejora tus films no añadiendo más equipo y personal sino usando lo que tienes a su total capacidad. La parte más importante de tu equipo eres tú mismo. Tu cuerpo móvil, tu mente imaginativa, y tu libertad para usar ambos. Asegúrate de usarlos.





Maya Deren, Film Culture, Invierno de 1965.

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jueves, 4 de noviembre de 2010

FIBABC 2010: Los Finalistas iCortos (críticas)


Casi perfecta, de Gustavo Trimaglio



Ayer han aparecido los finalistas del Festival FIBABC´10, certamen de cortometrajes organizado por ABC.es. Vamos a empezar a hacer breves reseñas sobre estos finalistas y aventurarnos a hacer un pronóstico sobre los próximos ganadores.


Empezamos con el Certamen de iCortos, es decir, los cortometrajes cuya duración máxima es de 5 minutos. Los finalistas son:


- Reloj de arena, de David Turpin García.

- Los gritones, de Roberto Pérez Toledo.

- El típico corto en el que no pasa nada, de Juan Irache Duesca.

- Capicúa, de Roger Villaroya.

- Luciérnaga, de Carlota Coronado.

- Casi perfecta, de Gustavo Trimaglio.


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Reloj de arena es una metáfora muy atractiva para hablar de la angustia de una mujer de unos 50 años, madre de familia maltratada tanto por su hija como por su propia madre. Opresión desde todos los frentes generacionales. No importa las vueltas que dé el tiempo: esa mujer siempre estará en medio, convertida en un asfixiado enlace entre vejez e infancia.


El problema con Reloj de arena son sus ganas por el melodrama más grueso para concretar el tema. La música alta, el personaje que pasa de quejidos a la "sonrisa inocente" y luego quejidos otra vez, los violines que van creciendo, el primer plano del ojo morado… todos los elementos puestos y subrayados para que sintamos el dolor de esta mujer, para que abramos los ojos ante el drama, pero no un abrir los ojos como "revelación", sino más bien a la fuerza, como el método Ludovico.


No me gusta que me digan lo que debo sentir o qué debo reflexionar. Y este corto lo hace desde el segundo uno. Uno termina asfixiado con su arena.


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Los gritones me da pie para hablar de una carga que siempre van a llevar los cortometrajes que son muy breves -aunque también pasa con los más extensos-: su brevedad hace que terminen cayendo en gags inmediatos, en bromas rápidas, en chistes fáciles. Amigos cercanos incluso me lo repiten "en poco tiempo no puedes contar nada, tienes que hacer un chiste y ya, a reír".


Este no es el caso de Los gritones, aunque está bastante cerca. Lo que lo distingue de esa gran masa de cortos-chistes es que el director se toma el cuidado en darle el aire de drama a la gracia con sus silencios, sus eficaces planos y su buen montaje. Bien realizado a pesar de la historia naif.


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El típico corto en el que no pasa nada es, seguramente, el cortometraje con el concepto más arriesgado de los finalistas del Certamen iCortos. La obra apuesta por mostrarnos ciertas imágenes y luego volver a ellos pero para revisarlos con mayor atención, intensificando un sentido (el tan menospreciado oído), encontrando así la historia subyacente que a primera vista no vemos.


Lástima que esta arriesgada idea tenga una manera algo amateur de ejecución. Creo que si hubiera tenido mayor cuidado en algunos de sus planos estaríamos hablando de un corto muy superior a los demás. Sin embargo, el saldo es positivo.


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Luciérnaga y Casi perfecta son ejemplos de cómo dos cineastas de distinta mirada se zambullen en la crítica social, con resultados dispares.


En el primer corto, una señorita repite 1,866 veces la palabra "luciérnaga", preocupadísima por una dicción castiza. Todo lo que continuará será la escena de una regular miniserie con aires sociales. El corto no tropieza, pero tampoco brilla. Su ingreso en los finalistas se debe más a su "actualidad" y al tema de los inmigrantes -otra vez- que a una ejecución cinematográfica atractiva.


El segundo corto, Casi perfecta, también entra en la crítica social, específicamente en el manido tema del tirano culto a la belleza en nuestra sociedad.


Sin embargo, a diferencia de otras obras, aquí se percibe el gusto de usar a placer las herramientas que el cine ofrece para mostrarnos algo: encuadres, sonidos, ambientes, iluminación diáfana, rostros inertes, sonidos extraños, carnes heridas, todo juega en favor de la historia. A veces quizás hasta se excede (la pantalla partida quizás está un poco demás) pero esto no termina por ensuciar un trabajo bastante completo y preciso.


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Contra este derroche técnico aparece la sencillez de Capicúa, cortometraje impecable en su planteamiento, de inteligente fotografía, buena narración y agradable golpe final.


No soy alguien que se derrite por los "giros de guión" pero este corto nos ofrece uno que sorprende por la alegre simplicidad. La técnica está volcada a los personajes, a los seres que vemos en este corto. Esto es quizá lo que la diferencia de Casi perfecta, para bien.


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Entonces, si tuviera que elegir un ganador, estaría sin duda entre estos dos cortometrajes: Casi perfecta y Capicúa. Cualquiera de los dos tiene méritos suficientes para obtener un premio.


Como punto final debo decir que es triste que la organización haya dejado fuera de la competencia a cortos de mayor valía que algunos finalistas. Especialmente en el caso de dos de ellos: Turno de noche y The story of David Leonard Sutton.


Creo que los festivales de cine españoles aún se dejan llevar los temas, los clichés y los géneros y no tanto por el oficio cinematográfico al momento de premiar.




Capicúa, de Roger Villaroya

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martes, 2 de noviembre de 2010

FINALISTAS FIBABC 2010 - Festival de Cortos de ABC.es

Algunos apuntes pendientes son los que escribiré en las siguientes horas acerca del Festival de Cortometrajes FIBABC10, Festival presentado por el diario ABC y que se encuentra en su segunda edición.

Dividido en dos grandes certámenes (Cortos e iCortos: el segundo corresponde a cortos cuya duración es máximo de cinco minutos) se encuentra casi en su etapa final, próxima a anunciar los cortos finalistas en cada una de sus categorías.

Como todo festival online donde cualquiera puede ver cualquier corto y emitir cualquier comentario, los comments de directores o seguidores de directores abundan, pocas veces para resaltar las bondades de un corto, la mayoría de veces para lo contrario. En el FIBABC10 ha ocurrido más de un alboroto virtual con acusaciones, críticas, ataques anónimos y puyas repetitivas. O sea, lo peor del internet.

En medio de todo esto, es bueno que se pueda volver a hacer un buen repaso de los mejores cortometrajes que están en competencia. Es lo que haremos en las próximas horas: hablar de nuestros favoritos en este Festival.

Mientras tanto, asústense -y deléitense- con el Mejor Cortometraje del FIBABC ´09: Lucía, de Cristóbal León, Niles Atallah y Joaquín Cociña.


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jueves, 21 de octubre de 2010

SE INICIA EL XIII FESTIVAL "LA BOCA DEL LOBO"


La Boca del Lobo es un valioso espacio de cultura en Madrid. Es, también, un espacio de alegría.

Y desde hace trece años es, además, un Festival de Cortometrajes que sacude el ambiente cinéfilo madrileño.

He asistido a algunas de sus funciones en las ediciones anteriores y solamente puedo decir que vale la pena asistir, sea a la Competencia Oficial o alguna de sus Muestras Internacionales. Pero hay también otra sección que cautiva a muchos de los asistentes.

Desde el 2009 ofrece una sección divertida, atractiva, valiente: hacer un cortometraje durante los días del Festival. La sección se llama "Búscate la vida" y la dinámica es sencilla: te dan un lema, un par de pautas (objetos o detalles que deben aparecer en el corto) y listo, debes entregarlo antes que finalice el evento. Una semana para hacerlo.

Anoche fue la Inauguración y pudimos hablar con el Director y Fundador del Festival, Javier Muñiz, quien describe el espíritu del festival y también los detalles de esa curiosa sección.

Entérate de las bases y lema, aquí:


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